domingo, 25 de octubre de 2015

Afanes de amor absurdos


Hoy, que tenía muchísimo interés en que saliese mi artículo en el Diario, se ha colgado su página de internet. Así que lo pongo aquí, levemente esponjado, libre del límite de los caracteres.


AFANES DE AMOR ABSURDOS


La clave de los clásicos es su actualidad. A esos pocos y mediáticos cardenales que en el Sínodo de la Familia han estado proponiendo rebajas en la doctrina de la indisolubilidad matrimonial les vendría de miedo leer Love’s Labour’s Lost de Shakespeare. ¿No les bastaría un catecismo? Sí, claro, debería, pero, por lo visto, no.

Esta comedia ha tenido muchos partidarios, aunque muy desconcertados por su abrupto final, donde nadie se casa con nadie. Shakespeare, sin embargo, no da puntada sin hilo. La obra defiende (sutilmente) la esencialidad del compromiso.

Como recordarán, el joven rey Ferdinand y sus amigos hacen voto de encerrarse en Navarra durante tres años para consagrarse en cuerpo y alma al estudio. Berowne, el más perspicaz, protesta de lo excesivo del compromiso, pero jura y más a sabiendas que ninguno. Y el compromiso es excesivo, sí, aunque menos que uno matrimonial, si se piensa. Enseguida llega la princesa de Francia y sus damas y cada uno se enamora perdidamente de alguna de ellas. Pero entre las parejas se interpone el juramento.

¿Cómo intentan zafarse de él? Con unos argumentos idénticos a los que hoy se gastan para esquivar la indisolubilidad. Primero, el rey y sus amigos, cuando descubren que todos están enamorados, blanden esa unanimidad como un antídoto contra el perjurio. Quizá porque no están muy seguros, suman las dificultades inherentes a su juramento, que ya conocían. Ahí brilla Shakespeare: de haber propuesto un compromiso más sensato, su fuerza habría venido de su sentido y no de una voluntad libérrima y soberana que se obliga a sí misma. Por último, piden a Berowne que se ingenie una doctrina que les exculpe. Y él se pone a hablar con mucho aparato de citas sagradas y profanas de la misericordia y de que el amor no se puede separar de la caridad, etc. Convence a los deseosos de ser convencidos, pero no a sí mismo, que se dice, rematando su argumento en un aparte: “El que siembra cizaña no coge trigo […] Las mujeres veleidosas pueden ser un azote para los hombres perjuros. Si eso sucede, nuestro cobre no adquirirá mejor tesoro”.


Las chicas, en efecto, les replican: aunque somos la causa de que hayáis roto vuestro juramento, la consecuencia es que no podemos fiarnos de vuestras promesas. Por eso, no hay bodas. A lo más que se llega (concluye Shakespeare) es a la imposición de una penitencia, con una esperanza de redención. El amor requiere la fe en las palabras y la firmeza de la voluntad. Si no, aunque parezca precioso, es un afán absurdo.


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En el periódico no cabían las citas, que son lo mejor, y que he reunido en Rayos y Truenos.

2 comentarios:

  1. El alcalde católiico que ofició un mariconio "por caridad cristiana" fue un precursor

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  2. Excelente artículo, querido Enrique, como es habitual en esta casa.
    Casualmente, en mi artículo de hoy también digo que, entre las personas, “se cosecha lo que se siembra”:
    http://www.farodevigo.es/opinion/2015/10/25/economia-felicidad-degeneracion-capitalista/1338117.html
    abrazo grande
    JJ

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